La abuela.

by Lula

La abuela es una señora negra, la mamá de mi mamá morena, que yo conocía desde siempre. Entre la vaguedad de mis memorias recuerdo que la casa enorme (que en realidad no era tan grande pero lo era en mis proporciones de niña chiquita) de la planta en la entrada y donde también vivía mi primo Juan, era de ella. Pues no de ella, se la arrendaba al señor Segura. Es todo lo que se. Luego y de manera mas nítida recuerdo que cuando nos mudamos a La Mina, la abuela se quedaba largas temporadas con nosotros. Yo estaba tan acostumbrada a su presencia que lo que me extrañaba era cuando duraba mas de una semana sin venir. Ella iba a Maicao seguido, yo no sabia a que, puesto que la única razón por la que mis papas iban a ese arenal era a hacer compras de comida y como la abuela comía en la casa, no entendía que iba a hacer allá. Ahora se que cobraba los arriendos de ciertas precarias propiedades que tenía, las cuales en el ocaso de su vida le servirían de triste sustento. Esa fue una época feliz, porque aunque yo fuera una gordita malgeniada y cascarrabias, me hacían feliz muchas cosas aunque me costara trabajo aceptarlo y necesitara de la ayuda de mi mamá que en su esfuerzo por calmar mis ataques de furia me metía a la ducha vestida mientras yo peleaba con el agua tratando de evitar sin éxito sus propiedades apaciguantes. La abuela, llegaba de Maicao con sus paquetes de galletas María, y aunque nunca me gustaron particularmente, me las comía para darle gusto, y ella las seguía trayendo. Incluso ya cuando estábamos grandes y ella ya un poco coja, nos llevó un paquete a la casa una de las últimas veces que la vi. La abuela que mejor recuerdo tenia un bolso negro que le había regalado mi mama, siempre estaba de luto a pesar de que ya habían pasado tanto años desde la muerte del tío Juancho (su primer hijo, el hermano mayor de mi mama, a quien la violencia de nuestras tierras se llevó tan joven como a tantos otros). Así que yo la recuerdo de negro, blanco y gris en el calor aplastante de la Guajira, o en la humedad desesperante de Barranquilla. El bolso de la abuela, que solo habría de cambiar cuando mi mama le regalara otro, tenia siempre su billetera/agenda, un tarro de bylcream, un cepillo de pelo y los infaltables chicles Adams. Me acuerdo que cuando conocí a la abuela de una de mis amigas de infancia, debíamos tener unos seis años, me sorprendí tanto de que su abuela fuera muy blanca. Para mi las abuelas eran siempre negritas. La abuela de mis recuerdos mas recientes me quería mucho, y yo a ella. Me hacia tajadas de plátano verde con queso de comida cuando iba a Barranquilla, hablaba todos los días por teléfono con mi papá y se sabía los cumpleaños de toda la familia suya y de la familia de su familia. Me alcanzó a llamar un par de veces el día de mi cumpleaños, ya estando yo en París. La última vez que la vi estaba en mi casa porque ya no sabían donde mas ponerla. Ya no me seguía las conversaciones, ella que era tan habladora. Eso fue hace casi dos años. Yo nunca entendí lo que le dio a la abuela, solo se que se fue apagando mientras yo seguía esperando que se despertara de ese letargo que para mi fue en gran parte debido a ella. Porque la abuela no tuvo una vida fácil y tampoco se la hizo fácil y creo que al final se cansó de todo y se entregó a todas sus obsesiones y fantasmas. Estas cosas las entendí mucho mas tarde, y supe otras tantas que contradecían completamente la imagen que yo tenia de mi abuela buena que olía a chicles Adams y perfume. Pero para mi seguía siendo la abuela, y el día que me dijeron que se había muerto, la verdad no se que sentí. Yo sabia que venía mal, pero no la vi en sus últimas, solo hable con ella en uno de sus momentos de lucidez donde me llamo por mi nombre y luego se regresó a sus tinieblas. Yo estaba en un almacén de Benetton frente al Duomo en Milan y ahí cuando Mama me lo dijo, lloré no se de que, quizás de una nostalgia profunda y azul, pensé en la abuela, en su bolso negro, en su pelo alisado , mi abuela negrita vestida de negro en esa foto donde sale cargándome con su pelo negrísimo y brillante sin una cana, y me pareció que pude olerla. Y ahí, en medio de toda esa muchedumbre de sábado en Milán, se quedo un pedacito de mi abuela negra, lo dejé yo, para ella que nunca pensó llegar tan lejos desde ese pueblo remoto en la Guajira donde nació.

2 responses to “La abuela.

  1. Jorge Velásquez

    L,

    Irónico ver un articulo crítico sobre la forma en que en Colombia se utiliza el español a la derecha y justo a la izquierda, un ejemplo tan hermoso, no solo de como implementarlo de manera correcta, sino de hacer de el un sentimiento.

  2. Gina Pérez

    Amé a la abuela! hasta la pude oler!
    love u,
    G

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: